Editorial

  Los países suelen ser una composición extraña, similar a nuestra experiencia ante el arte, los admiramos por su profunda magnificencia, sus secretos o  simplemente los rechazamos sin comprender bien que es lo que no nos gusta. En el caso del arte, por poner un ejemplo más sencillo,  es lo que encontramos en la obra que nos habla a nosotros de nosotros, es un acto de simpatía, de conexión. De esa misma forma conocer y estudiar un país en su totalidad es un asunto de conexión y así, tan sencillo y a la vez tan profundo, nos parece un asunto al que dedicarle la vida, un estudio imposible, improbable y por eso demasiado atrayente para no seguirlo.

Mapa de Venezuela, Juan de la Cosa, 1499
Algo se nos presenta con absoluta claridad en este estudio: ¿acaso todo país depende de la tierra en la que está situado? Si es así ¿cómo podríamos considerar países  a algunas naciones errantes?  Los países se revelan ante nosotros como algo más, si bien se sitúan en la tierra y son tierra, no parecen estar únicamente constituidos por un espacio geográfico o por la naturaleza y las riquezas del suelo que en ese espacio se acogen. Un país sumido en la desolación no es un país, es tierra de nadie, los países se abren a nuestros sentidos como  naciones, hablamos de que están constituidos por los seres que habitan dentro de ese espacio y bajo ciertas costumbres comunes, constituidos por aquellos que amamos y aquellos que no amamos, por recuerdos compartidos de calles, escuelas y situaciones, por un pasado no vivido pero que nos pertenece, por cicatrices, dolores y alegrías, ajenos y propios, que sentimos como nuestros, por gente que admiramos y otra que desearíamos no haber conocido, por el lugar en el que deseamos envejecer y por aquellos que deseamos ser recordados.Es cuando ante nosotros se abre como una fabulosa orquídea un centro que no es otra cosa que un cosmos,  totalidad organizada,  punto desde el cual partir en nuestra búsqueda, una búsqueda nada sencilla, pues nuestro objeto de estudio, como las aguas del Orinoco, cambia constantemente y nunca es igual, y deseamos que así sea. Zarpamos en la curiara airosos y deseosos de profundizar en sus aguas para comprender, para aprender plenamente y compartir lo aprendido y eso es nuestra fortaleza y nuestra debilidad, estamos escarbando para descubrir lo que somos y vamos siendo, nuestro pasado y nuestro presente, nuestra estructura, nuestra vida juntos.